Fischer-Spassky: Guerra fría en Reykjavik (1972)

Bobby Fischer y Boris Spassky, protagonistas del match del siglo.1972. Americanos y rusos libraban su guerra ideológica en cada rincón del planeta. Por los titulares de los diarios desfilaban Nixon y Brezhnev, capitalistas y comunistas, Politburó y comités, la NATO, la URSS, China y Vietnam. Mientras tanto Reykjavik, capital de la humilde Islandia, durante un par de meses se iba a convertir en el epicentro de una de las batallas más exóticas de la Guerra Fría. La pequeña isla iba a ser la sede del match por el título del Campeonato Mundial de Ajedrez entre el volcánico Bobby Fischer (EE.UU.) y el ruso Boris Spassky.

El match tuvo de todo: egos rampantes, conflictos económicos, negociaciones interminables, abogados, magnates, cineastas, políticos, militares y hasta agentes de inteligencia. Por momentos pareció una comedia de enredos con final (e inicio) incierto; en otros, una parodia de una película de espías. Al margen de todo, el match consagraría a quien muchos consideran como el mayor genio de la historia.

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EL SOBREVIVIENTE DE STALINGRADO
Boris_Spassky_1973Tal como había sucedido en los enfrentamientos anteriores de Bobby Fischer contra los soviéticos, en un contexto de antagonismo ideológico Este-Oeste, el match se convertiría en un vehículo de propaganda.

Sin embargo, el campeón vigente Boris Spassky no era ideológicamente un producto manufacturado de la maquinaria soviética. El sobreviviente del sitio de Stalingrado se movía con una autonomía inimaginable para cualquier ciudadano normal. Gracias a su investidura de campeón mundial de ajedrez, deporte al que los soviéticos abrazan con devoción, Spassky ocasionalmente se atrevía a desafiar al poder central.

Según David Edmonds y John Eidinow en su libro “Bobby Fischer goes to war” (2004), el poder soviético también tenía sus dudas sobre el compromiso de Spassky hacia el Estado. Aleksandr Yakovlev, titular del Depto. de Propaganda y Agitación del Comité Central le preguntaba a Viktor Baturinskii, Director del Club Central de Ajedrez. “¿Spassky entiende que sobre sus hombros pesa la responsabilidad moral del resultado de este match en relación con la totalidad de los soviéticos?”

Spassky había iniciado su preparación para este match incluso antes de que Fischer se hubiera consagrado ganador del Candidatura. Tan seguro estaba el ruso del triunfo de Fischer. La preparación incluía una extensa lista de exigencias de parte de Spassky hacia Viktor Ivonin, titular del Comité de Deportes, entre las cuales se incluían un aumento de su asignación de 300 rubros (equivalente al salario de un político de alto cargo), y la mudanza a una nueva vivienda.
Al no ver cumplidas sus exigencias, el campeón no tuvo reparo alguno en “puentear” a Ivonin y recurrir directamente al Piotr Demichev, secretario del Comité Central encargado de “Ideología” (ajedrez encuadraba en esa categoría). Ivonin no tuvo más remedio que capitular y aumentar la asignación de Spassky a 500 rubros (equivalente a un sueldo de ministro y primera personalidad del deporte en alcanzar ese status)… y por supuesto, una nueva vivienda.
El campeón se preparó con su comitiva en el Cáucaso. Durante los siguientes meses se elaborarían infinidad de informes y memos secretos acerca de su actividad, incluyendo su dieta. Pero en líneas generales, Spassky retuvo el control de las decisiones, hasta negándose a la sugerencia de llevar un doctor, un chef y traductor enviados por el Partido, sospechando que seguramente serían agentes  de la KGB.
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TENIS, NATACION Y DOCE HORAS DIARIAS DE AJEDREZ
El genio americano en tapa de los principales medios de la época.Del otro lado del mundo, Bobby Fischer se preparaba casi en soledad, fiel a su estilo. La Federación americana, un poco para tenerlo bajo control, o por lo menos para saber su paradero, lo alojó en el Henry Hudson Hotel de Nueva York. Y si Fischer deseaba jugar algo de ajedrez sólo tendría que tomar el ascensor y bajar al Manhatan Chess Club, donde siempre era recibido con honores. La preparación del retador incluía algunos games de tenis, natación y alrededor de doce horas de ajedrez, los siete días de la semana.

En su libro “Endgame” (2011), Frank Brady cuenta que Fischer regularmente consultaba dos libros (Spassky: Blancas y Spassky: Negras) preparados por el jugador neocelandés Robert Wade. Era una obra monumental de más de 1000 páginas compiladas a mano que contenía 355 partidas de Spassky con diagramas cada 5 movidas y de la que Fischer que no se separaba nunca. Wade todavía conserva la carta de Fischer, sin una sola palabra de agradecimiento por sus servicios (bueno, le pagaron 600 libras), más bien increpándolo por haber agregado sus anotaciones al costado de las hojas, en lugar de al pie, como Fischer prefería. “El tono de la carta me recordaba al de un maestro hablándole a sus alumnos”, recuerda Wade.

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Tal era el grado de preparación de Fischer que solía pedir a alguien que eligiera una partida al azar, que le dijera quién había sido el adversario de Spassky y la ciudad de la partida y él recitaría una por una todas las jugadas. ¡Había memorizado más de 14.000 jugadas!

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LA ESPERA INTERMINABLE
La organización del match quedó a cargo de Gudmundur Thorarinsson, por parte de la Asociación Islandesa de Ajedrez y el holandés Dr. Max Euwe, ex-Campeón Mundial y en el momento presidente de la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez, por sus siglas en francés). Las negociaciones por la sede, la bolsa, derechos de televisión y demás demandaron más de dos meses, en líneas generales con Fischer exigiendo y el campeón accediendo.
Islandia y el mundo entero esperaba la llegada de Fischer para fines de junio (1972). Fischer llegaba al match tras su arrolladora demostración durante el Candidatura de 1972 (ver artículo Bobby Fischer: El camino a la Gloria) y consideraba a Spassky “un poco más fuerte” (curiosamente Spassky también pensaba que su adversario era más fuerte). La bolsa del match ya se había acordado y era una suma sin precedentes para un match de ajedrez: el ganador se llevaría 78.125 dólares y el perdedor 46.875, sumas inmensas para la época y sólo comparables a las bolsas de las grandes peleas de box. Además de la bolsa, los jugadores se repartirían el 30% de los derechos de televisión y cine, quedando el resto para la federación islandesa para cubrir los gastos del match. La federación también se quedaría con el dinero proveniente de la venta de entradas.
La expectativa por el encuentro crecía día a día. Periodistas y aficionados en general viajaban no sólo desde interior de la isla sino de toda Europa y EE.UU. Se decía que en algunos momentos del match, en Islandia se encontraba el 15% de los Grandes Maestros de todo el mundo.
El campeón Spassky y su comitiva ya estaba en la isla a la espera del retador, quien iniciando una guerra de nervios, aún no mostraba intenciones de viajar bajo pretexto de un conflicto económico con la organización. A último momento, en una actitud acostumbrada, Fischer pidió quedarse con el 30% de la venta de entradas. Euwe trataba de convencerlo diciendo que esa suma era algo irrisorio comparado con lo que Fischer ganaría si llegara a coronarse campeón del mundo, pero Fischer no cedía y el 25 de junio cancelaba los cinco asientos que le había reservado la aerolínea, que también preveía la provisión de naranjas para Fischer durante el vuelo (que debían ser exprimidas ante sus ojos). Esta reserva no fue la única en caerse, detrás de esa cayeron varias más.
La federación islandesa estaba entre la espada en la pared. Si no accedía a los reclamos de Fischer, el match se caía y la posibilidad de recuperar el dinero invertido se esfumaba, con un grave perjuicio económico. Al mismo tiempo, los soviéticos desde Rusia le reclamaban a Spassky su actitud permisiva ante los caprichos de Fischer. Los consideraban una afrenta hacia el pueblo y el estado soviético.
En Islandia se ilusionaron cuando por fin un día Fischer se dirigió hacia el aeropuerto. Pero su partida se iba a postergar una vez más. Al llegar, Fischer fue asediado por una nube de periodistas y fotógrafos, y se escapó hacia la casa de unos amigos donde pasó algunos días, prolongando la demora y ganándose el desprecio de la prensa mundial, incluyendo a buena parte de la americana.
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EL PEOR JUGADOR LLAMANDO AL MEJOR JUGADOR
683095Presionado por los soviéticos y harto de la actitud de Fischer, Euwe no tuvo más remedio que anunciar la fecha del sorteo de la primera partida en ausencia del retador. El día del sorteo Spassky estaba presente, con impecable traje con chaleco. La silla del retador, sin embargo, estaba vacía. Los asistentes se ilusionaban pensando que Fischer aparecería de un momento a otro, tarde como era su costumbre y dando crédito a los rumores de que ya estaba en la isla. Algunos decían que lo había traído un submarino americano para evitar a la prensa. Al no presentarse Fischer, los islandeses y la FIDE trataban de salvar el match y le dieron dos días más de plazo para que se presente, bajo pena de declarar Campeón del Mundo a Boris Spassky.

Lo cierto es que Fischer seguía en Nueva York, y no fue sino hasta que recibió dos llamados que decidió cambiar de opinión. El primero fue el del magnate inglés James Derrick Slater, un apasionado del ajedrez que ofreció doblar el monto de los premios. Slater tenía un imperio y esa suma no le significaba demasiado; le gustaba decir que lo hacía por el amor al ajedrez y que sus aficionados merecían que el match se disputara. “Ya eliminé el problema del dinero. Veremos si Fischer tiene otros problemas”, le confiaba a sus íntimos.

Fischer sabía bien lo que hacía: cuanto más se demorara, la expectativa y el dinero crecían. Estaba encantado con la nueva oferta de Slater, pero fue el segundo llamado el que salvó el match. Spassky se había quejado a Euwe sobre la actitud de Fischer y le pidió elevar el asunto a las “más altas autoridades”. Euwe se comunicó con el embajador americano en Islandia, quien hizo la gestión con el Departamento de Estado amaricano. Como resultado, ese segundo llamado lo hizo el mismo Henry Kissinger, por el momento Asesor de Seguridad Nacional de Nixon (después su Secretario de Estado), y sus palabras quedaron en la historia: “Aquí el peor jugador llamando al mejor jugador de ajedrez del mundo”. Fischer acusó les efectos del llamado de Kissinger, quien lo arengaba a viajar para poner en su lugar a los rusos en nombre de los EE.UU. Estaba entusiasmado, y más allá del dinero, para Fischer el match tenía entonces un sentido de misión contra los rusos. (Spassky luego se quejaría ante Euwe: cuando le pidió elevar el asunto a las “más altas autoridades” se refería a los rusos)
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EXIGENCIAS, DISCULPAS Y PRESIONES
fischer23-spasskyFinalmente Fischer se hizo presente entre otro caos de periodistas. Los soviéticos, que exigían su descalificación, finalmente accedieron a continuar bajo ciertas condiciones: que Fischer se disculpara públicamente ante Spassky, que la FIDE reconociera que violó los reglamentos al conceder dos días más de gracia a Fischer, y que como pena accesoria se declarara ganador de la primera partida a Spassky. Los organizadores se disculparon a través del Dr. Max Euwe, quien se tragó su orgullo y pronunció el discurso al borde de las lágrimas.

Ahora faltaba la disculpa de Ficher. En su carta hacia Spassky, Fischer expresó su arrepentimiento  por los inconvenientes causados y apelaba al espíritu deportivo de Spassky, sugiriéndole que una victoria suya en esas condiciones no tendría el brillo que se merecía (Spassky tenía la ventaja del campeón y si el match terminaba empatado en 12 iba a retener el título. Si se le otorgaba la primera partida a Spassky, Fischer tendría que ganar al menos 3 partidas para ganar el título). El primer borrador de esa carta de Fischer decía que para demostrar su buena voluntad renunciaba a su parte de la bolsa (!) (por supuesto, luego recapacitó).

Mientras tanto, desde Rusia, el ministro Sergei Pavlov, del Comité de Deportes del Estado le exigía a Spassky su inmediato retorno a Moscú, una “recomendación” que normalmente tenía fuerza de ley. Spassky, sin embargo, se rehusó lo más diplomáticamente posible.
El día del nuevo sorteo, Fischer llegó 20 minutos tarde. Se saludaron con Spassky y los dos se mostraban de excelente humor (simpre tuvieron una relación de respeto mutuo). Hablaron durante unos minutos en el backstage y acordaron una nueva prórroga para iniciar el match, esta vez pedida por Spassky, agotado por las negociaciones. Fischer accedió a cambio de que el ruso retire su reclamo por la primera partida.
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AJEDREZ, POR FIN
Después de jugar al bowling hasta la madrigada Fischer fue a inspeccionar el salón. Sus exigencias incluían la intensidad de luz, el tamaño de las piezas, el tablero (que era de piedra y el prefería madera), y sobre todo la ubicación de las cámaras. La organización accedió a sus pedidos y por fin se inició el match.
Con el correr de la primera partida, los expertos pronosticaban un empate. Pero en la  movida 29 Fischer sacrificó un alfil por dos peones, algo que parecía un error de principiante. La partida se supendió con ventaja para Spassky y al reanudarse, Fischer se volvió a quejar por las cámaras. Chester Fox, dueño de los derechos de TV, accedió a sacarlas. Al ver que su situación era insalvable, Fischer ofreció su rendición.
Tablero utilizado por Fischer y Spassky en ReykjavikAl día siguiente, la delegación americana anunció que Fischer no se presentaría si no se retiraban todas las cámaras, aunque se negó a inspeccionar nuevamente el lugar. Lothar Schmid, el árbitro del match, declaró que el reloj empezaría a correr a las 5PM. Si Fischer no aparecía, a las 6 se declararía ganador a Spassky. La policía esperaba en el hotel de Fischer con el motor en marcha (los semáforos se habían programado para quedar en verde), en caso de que el americano decidiera jugar. Fox accedió a sacar las cámaras para esa partida y dejar la discusión para más adelante y Fischer accedió a jugar, esta vez demandando que su reloj volviera a 0. Ante la negativa de Schmid “Hay que poner algún límite”, Fischer se negó a jugar: “Si yo pido algo y no me lo dan no juego”. El match quedaba entonces Spassky 2- Fischer 0.
Tal vez lo que hizo que Fischer volviera a jugar fue la invitación de Nixon para ir a la Casa Blanca al concluir del match. Los organizadores accedieron a su derecho de trasladar el partido a un cuarto cerrado, sin espectadores. En medio de la tercera partida, Fischer se levantó señalando a una cámara y gritando. “Me voy”, dijo Spassky, ya harto de Fischer. “No sabía que hacer”, recuerda Schmid. “Detuve el reloj de Spassky, rompiendo las reglas”. Le recordaba a Spassky que había prometido jugar ahí, y a Fischer que fuera considerado. De alguna manera la partida prosiguió y se suspendió con ventaja para Fischer. Fischer estaba entusiasmado con su posición y accedió a reanudar la partida en el escenario principal. Al abrirse la jugada sellada, Spassky ofreció la rendición. 2-1. Fischer, como siempre, había llegado tarde y se encontró con la noticia de que por primera vez había derrotado a Boris Spassky.
Brady considera la partida 13 como la que selló el resultado del match. Una maratón de 9 horas y media en la que Spassky, agotado, cometió un error en la movida 61. Según Brady, cuando el campeón se dio cuenta de su error no podía ni mirar el tablero. Fischer no le sacaba los ojos de encima, en una mezcla de compasión y lástima, y Spassky finalmente capituló. Gracias a sus últimas victorias Fischer llevaba ahora 3 puntos de ventaja.
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RUSOS, QUIMICOS Y ELECTRONICOS
Luego de 7 empates el score estaba 11½–8½ a favor de Fischer, quien sólo necesitaba un par de empates y decidía no correr riesgos. La delegación soviética, ya intuyendo el final inevitable, lanzó una denuncia que desafiaba la razón: que el americano “podía estar utilizando sustancias químicas o medios elecrónicos para infuenciar la capacidad de juego del Campeón del Mundo”. Increíblemente, se inició una bizarra investigación que incluyó el examen de el salón, incluidos rayos X de los elementos cercanos al tablero de juego. Se dieron escenas disparatadas de policías con bolsas de plástico tratando de capturar aire para su estudio. Un agente encontró una anomalía en un artefacto de iluminación. Los rusos insistían para que lo desarmaran, intuyendo que podían encontrar algún aparato electrónico. Rusos y americanos corrieron a la base de la escalera para ver el hallazgo: dos moscas muertas.
El caso fue cerrado no sin vergüenza y sólo quedaba adelante la partida 21, que Fischer, con negras, condujo de manera brillante. Con la partida suspendida, era claro que las esperanzas del campeón se esfumaban. Al día siguiente Spassky se rindió telefónicamente y el ajedrez consagraba un nuevo Campeón del Mundo: Bobby Fischer.
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EPILOGO
1972_0901_fischerEl banquete de entrega de premios estaba previsto para dos días después de la victoria de Fischer. Spassky y su comitiva estaban presentes. Bobby Fischer, por supuesto, no daba señales de vida. Pero cuando los asistentes ya especulaban con un nuevo desplante, el nuevo campeón apareció en el salón. Brady rememora dos escenas fantásticas: la primera cuando Euwe le entregó una medalla y un diploma a Fischer y éste se quejaría porque su nombre no estaba escrito en la medalla. “Es que no sabíamos quién iba a ser el campeón”, le contestaría Euwe. La segunda escena sucedió durante el discurso de Euwe: tal vez abrumado por ser el centro del evento, Fischer extrajo su tablero portátil, del que jamás se separaba, y comenzó a revivir la última partida. Spassky arrimó su silla y escuchaba su análisis. Discutían las distintas variables en un tono totalmente natural y amistoso. Pronto se sumaron los Grandes Maestros Efim Geller y Robert Byrne, quienes también opinaban y movían piezas, una multitud de manos en el minúsculo tablero.

El retorno de Spassky a su país disparó denuncias e investigaciones a todo nivel. Su mujer aseguraba que hasta que decidieron mudarse del hotel donde se alojaban, su marido no era el de siempre. Lo notaba ausente, como si “algo” hubiera influido sobre su conducta. Agentes rusos sin conocimiento del Spassky, tomaron muestras de sus comidas y bebidas para su análisis (Edmonds y John Eidinow cuentan en su libro que en esa época en Islandia hubo una inusual cantidad de “turistas rusos” que vigilaban que Spassky no desertara). El entorno del ruso también reportó que “alguien” había entrado en sus habitaciones y que algunas cosas no estaban en el mismo lugar. Geller, segundo de Spassky, también reportó que el portafolio donde tenía el análisis de una partida suspendida fue abierto. En Moscú, durante el match, se había considerado al más alto nivel el envío de un buque de guerra para que el entonces campeón se alojara, protegido de toda influencia externa. Las sospechas de los rusos también incluían que Fischer “de alguna manera” había utilizado telepatía, o tal vez hipnotismo, pero nada de esto fue comprobado.

Fischer, por su parte, al volver a los Estados Unidos se aisló del mundo. Las negociaciones para defender el título contra Anatoly Karpov, a pesar de incluir una millonaria bolsa, nunca llegaron a buen puerto y jamás volvió a competir oficialmente. Sólo lo hizo en un match contra Spassky en Sarajevo (1992), en plena guerra de los Balcanes, contraviniendo el embargo económico y las leyes de EE.UU.
Su vida personal estuvo marcada por una espiral autodestructiva, un odio visceral hacia los EE.UU. y los judíos (él mismo era judío) y peleas sin retorno con sus mejores amigos. Los Estados Unidos comenzaron a perseguirlo por impuestos no tributados y tras unas declaraciones en las que se mostraba exultante por el atentado del 11 de septiembre, le revocó su pasaporte, por lo que Fischer fue detenido en un aeropuerto de Japón en 2004.
Fischer pasó ocho meses preso en una cárcel japonesa y sólo la iniciativa de un grupo de influyentes islandeses logró que su país le otorgara la nacionalidad de Islandia. De esta manera, Fischer consiguió ser liberado y se instaló en la isla donde se consagrara campeón del mundo. Allí también se pelearía con la gente que lo ayudó a salir de la cárcel.
Bobby Fischer murió en Islandia casi en soledad, a los 64 años. Imposible no notarlo: tantos años como casilleros tiene un tablero de ajedrez.

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Lectura recomendada:

endgameEndgame: Bobby Fischer’s Remarkable Rise and Fall
from America’s Brightest Prodigy to the Edge of Madness
por Frank Brady (2011)
bobby_goes_to_warBobby Fischer Goes to War:
How A Lone American Star Defeated the Soviet Chess Machine
Por David Edmonds y John Eidinow (2003)
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Crédito de fotos:
Fischer-Spassky: Imaginary Futures Attribution-NonCommercial 2.0 Generic (CC BY-NC 2.0)
SpasskiEerste ronde IBM-schaaktoernooi, Boris Spasski Dutch National Archives, The Hague, Fotocollectie Algemeen Nederlands Persbureau (ANeFo), 1945-1989 CC-BY-SA-3.0-NL Images from Anefo
Tablero:  jen-the-librarian – Flickr – (CC BY-NC-SA 2.0)
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