Phil Jackson: La tribu de los Bulls

Phil Jackson y Michael JordanLa prensa norteamericana suele abrumar con números y estadísticas. Que a veces engañan, sin dudas. Pero en este caso es difícil disentir: según los fríos números Phil Jackson es el entrenador más exitoso de la historia del deporte norteamericano, y alguien dirá del mundo. Once anillos lo avalan y ese número no miente.

Lo bueno es que a Phil Jackson le gusta escribir. Ya lleva varios libros y acaba de publicar su última obra titulada Eleven Rings (Once Anillos), donde reflexiona sobre su trayectoria como jugador, sus influencias religioso-místico-filosóficas, y sus aciertos y errores como entrenador. Pero por sobre todo, su nuevo libro se convierte en un manual de liderazgo recomendable para cualquier persona que tenga a su cargo un grupo humano de trabajo.

Uno de los mejores pasajes del libro es el capítulo donde narra sus experiencias durante el primer año como “head coach” de los Chicago Bulls (1989), quienes durante los últimos 6 años todavía no habían logrado consolidar un equipo alrededor de Michael Jordan. “Teníamos los jugadores, pero nos faltaba una pieza”, recuerda Jackson. “En una palabra, los Bulls se tenían que convertir en una tribu”.

El mayor obstáculo que tenían los Bulls para ganar un título era el intimidante juego físico de los “Bad Boys” de Chuck Daly (Detroit Pistons)Jackson era consciente de que no podían ganarles a base de fuerza bruta. “Lo que podíamos hacer, en cambio, era ganarles en transición y defendiendo”, recuerda Jackson. Con Bill Cartwright bajo el aro, Jordan que había ganado el título de mejor defensor del año, y Pippen y Grant que progresaban día a día, los Bulls habían formado una de las mejores defensas de la liga. Y en los Pistons, tal vez exceptuando a Dennnis Rodman, nadie podía seguir el ritmo de Jordan, Pippen y Grant en un contraataque. 

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A Jackson, que nació y creció en Dakota del Norte, siempre le fascinó la cultura de los indios Sioux y especialmente la visión que tenían sobre el individuo. “Los guerreros tenían mucha más autonomía que sus pares blancos”, cuenta Jackson. “Pero su libertad venía con un alto grado de responsabilidad. Un miembro de su tribu jamás actuaba en contra, apartado de, o independiente de ella sin una buena razón”.
Cuando era asistente en los Bulls, una vez hizo un video basado en los Sioux que pretendía mostrarles a los jugadores que conectarse a algo superior a los objetivos personales podía ser una fuente de poder. “A los jugadores pareció interesarle la idea de conectarse como una tribu. Y yo pensé que podía construir sobre eso al encarar la próxima temporada”, recuerda Jackson.
El objetivo de Jackson era convertir a ese grupo de guerreros solitarios en un equipo en el que “Nosotros“ prevaleciera sobre el “Yo”. Pero el proceso iba a requerir algo más que un par de técnicas motivacionales. Jackson desarrollaría entonces un programa multifacético que incluiría la ofensiva triangular y su años de experiencia en amalgamar grupos humanos.
Su primer paso fue hablar con el líder: Michael Jordan.

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Michael Jordan, goleador los últimos tres campeonatos“Michael no era un apasionado del triángulo”, recuerda Jackson. Para Jordan el triángulo era “una ofensiva de oportunidades iguales” para quienes no tenían sus habilidades para el “uno contra uno”. Sin embargo, Jordan deseaba un equipo más integrado y multidimensional que lo que eran los Bulls en ese momento. Además, llevaba años en la liga y todavía no tenía un título.

La conversación no fue fácil. Básicamente Jackson le pidió a Jordan, quien había sido goleador los últimos tres campeonatos, (con 32.5 en la temporada anterior), que tirara menos para que sus compañeros se sintieran más comprometidos con el juego. “Le dije que iba a implementar el triángulo y que eso iba a suponer que probablemente no repetiría el título de goleador”, recuerda Jackson. “Tenés que compartir el protagonismo con el resto de tus compañeros”, le dije“De otra manera no van a crecer”.

La mayor preocupación de Jordan era que no confiaba mucho en algunos de sus compañeros, especialmente en Cartwright, quien tenía dificultades en agarrar algunos pases, y Horace Grant, a quien le costaba pensar bajo presión.

Jackson le insistió en la importancia de involucrar a todos para que no se sintieran meros espectadores. “No se puede ganar con un solo jugador a un equipo que tiene una buena defensa. Tiene que ser un esfuerzo de equipo”. “OK, yo puedo meter 32 puntos por partido”, contestó Jordan. “Son 8 puntos por cuarto. Nadie más puede hacer eso”. “Si lo mirás de esa manera entonces tal vez puedas salir goleador”, le contestó el técnico. “¿Qué te parece si embocás más sobre el final del partido? En su libro “Mind Games” Jackson se refiere a este diálogo y habla de 14 o 18 puntos en el último cuarto!
Los dos acordaron en probar y ver qué pasaba. “Le doy dos partidos”, le diría Jordan a un periodista. Sin embargo, al ver que Jackson no aflojaba, se dedicó a estudiar el sistema y ver cómo lo podía usar en su beneficio. “Que es exactamente lo que yo deseaba que pasara”, asegura Jackson.

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“Era gracioso ver a Michael y a Tex Winter (coach asistente y uno de los padres de la ofensiva triangular) discutiendo sobre el triángulo”, recuerda Jackson. Para Jordan era un buen sistema durante los primeros tres cuartos, pero pensaba que en el último cuarto debían improvisar y usar lo que él llamaba la “inteligencia colectiva”. Además creía que su creatividad abría nuevas posibilidades para el juego. Winter, sin embargo no quería depender de un solo jugador, por brillante que fuera.

-No hay una “I” (yo) en la palabra “TEAM” (equipo), le decía Tex.
-Pero hay una “I” en la palabra “WIN” (ganar) , le contestaba Michael sonriendo.

Para Jackson la verdad estaba en algún punto medio. Y como tampoco veía con buenos ojos que su equipo dependiera tanto de Jordan, decidió redefinir los roles del equipo. “Michael tenía una poderosa presencia en el equipo”, dice Jackson, “pero tenía un liderazgo distinto al de Larry Bird o Magic Johnson, que llevaban el equipo con su magnética personalidad. Era más un ejecutor que un líder. Era como si dijera: “Yo salgo a matar, ¿quién viene conmigo?”
“Era muy demandante”, recuerda John Paxson. “Tenías que hacer tu trabajo y hacerlo bien. No aceptaba que alguien no pusiera el mismo esfuerzo que él“.
Para contrarrestar contrarrestar el perfeccionismo de Jordan, Jackson nombró co-capitán a Bill Cartwright. A pesar de su tono tranquilo, si quería podía ser muy intimidante. Y no tenía miedo de oponerse a Jordan, algo que Jordan respetaba. “Bill era un líder de bajo perfil”, recuerda Jordan. “No habla mucho, pero cuando habla todo el mundo escucha. Cuando me extralimitaba me lo decía. Y estaba bien. Teníamos esa relación. Nos desafiábamos mutuamente”.

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“El básquetbol es un gran misterio. Se puede hacer todo bien. Se puede tener la combinación perfecta de talento y el mejor sistema de ataque. Se puede diseñar una defensa a prueba de todo y preparar a los jugadores para cualquier eventualidad posible. Pero si los jugadores no tienen el concepto de unidad como grupo, los esfuerzos no darán resultado”. Phil Jackson

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“La unidad no es algo que uno puede fabricar. Se necesita crear las condiciones para que se desarrolle y alimentarla cuidadosamente cada día”, dice Jackson. Para ello decidió proteger al equipo de toda distracción del mundo exterior. Restringío el acceso de la prensa, familiares y amigos a los entrenamientos. “Quería que los jugadores actuaran con naturalidad y sin la preocupación de decir algo que al otro día pudiera estar en todos los diarioș”.
De a poco empezó a introducir algunos ritos de los Lakota, quienes creían en el círculo como un símbolo fundamental de la armonía en el universo. Así que antes y después de entrenar, los jugadores y el cuerpo técnico se reunían en el centro de la cancha para hablar de los objetivos del día.
“Otra costumbre Lakota que adopté era tocar el tambor para congregar a los jugadores en el salón de reuniones (el salón de video)”, recuerda Jackson. El salón estaba decorado con totems indios y otros símbolos que Jackson había coleccionado durante años. “Luego de una derrota dura, a veces encendía un puñado de hierbas (una tradición Lakota) y la esparcía bromeando para purificar el aire del vestuario. La primera vez que lo hice los jugadores me preguntaban: ‘¿Qué clase de hierba está fumando, Phil?’ ”

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Phil Jackson y Michael Jordan, dos artífices de la dinastía de los Bulls.Jackson considera que la profesión de técnico atrae a muchos obsesivos del control que quieren demostrar a todos que ellos son el “macho alfa”. “En algún momento fui así, pero con el paso de los años aprendí que cuanto más poder uno quiere ejercer, más poder pierde. Trato de delegar la autoridad lo más que pueda y alimentar el espíritu de liderazgo de todos. Esto no sólo ayuda a la unidad del equipo sino que paradójicamente fortalece mi autoridad como líder”, dice Jackson.

El enfoque de Jackson apuesta a la comunicación. Exhorta a todos, jugadores y cuerpo técnico, a que tomen parte en las discusiones, para estimular la creatividad y contribuir al clima de inclusión“Esto es especialmente importante para los jugadores que no ven mucha acción”, dice Jackson. También sostiene que a los asistentes hay que darle el espacio para que se expresen y crezcan como líderes.

En el esquema de los Bulls cada asistente tenía su rol: Tex Winter a cargo del ataque y los fundamentos del triángulo. Johnny Back con la defensa y el siguiente rival, y Jim Clemons con los jugadores que necesitaban mayor atención. “Todas las mañanas nos juntábamos a desayunar y discutíamos los puntos principales del día y los reportes del scouting”, recuerda Jackson. “Eso nos permitía compartir información y asegurarnos que estábamos en la misma línea. Cada asistente tenía un alto grado de autonomía, pero cuando le hablábamos a los jugadores lo hacíamos como una misma persona”. 

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El polifuncional Scottie Pippen, el mentor de los Chicago Bulls.Ese año los Bulls no empezaron bien. “No teníamos confianza en el otro”, recuerda Scottie Pippen. “Al final de los partidos nos apartábamos del plan porque no confiábamos en él”. Pero en la segunda parte se vieron mejoras. Según Jackson, los rivales se mostraban confundidos ahora que Jordan se movía sin la pelota. “No lo podían doblar (o triplicar) como cuando tenía la pelota. Pero tampoco se podían permitir sacarle los ojos de encima. Y eso creaba muchas oportunidades inesperadas para otros”.

Los Bulls terminaron segundos en la división con un récord de 55-27 y derrotaron a Milwaukee y Philadelphia en los playoffs. Pero el siguiente rival, Detroit Pistons, no iba a ser tan accesible. “A pesar de haberles ganado durante la temporada regular, el fantasma de los playoffs del año anterior todavía perseguía a algunos jugadores”, recuerda Jackson. “En especial a Pippen, quien en el 6to. partido se retiró por un golpe de atrás de Bill Laimbeer. Scottie también atravesaba por un momento difícil. Se había perdido algunos partidos de la serie con Philadelphia por la muerte de su padre”.

Fue una serie brutal que se decidió en un séptimo partido en Auburn Hills, el nuevo estadio de los Pistons. “Estábamos mal”, recuerda Jackson. Paxson se había torcido el tobillo en el último partido y Scottie tenía una migraña que le impedía distinguir el color de las camisetas.”  (En “Mind Games” Jackson cuenta que le preguntó a Pippen si podía jugar y cuando éste le estaba por contestar que no, Jordan intervino y le dijo que a Jackson que lo pusiera de entrada: “Que juegue ciego”). “Los dos trataron de hacer lo mejor que pudieron, pero el equipo se quebró en el segundo cuarto y nunca volvió a recuperarse. Perdimos por 19, pero parecieron 100”, confiesa Jackson.

Segun Jackson, después del partido Jerry Krause entró al vestuario y vomitó su indignación, algo inusual. Jordan estaba tan enojado que explotó en lágrimas en el fondo del ómnibus del equipo. “Decidí ahí mismo que no iba a volver a pasar”, diría después.
La reacción de Jackson fue más tranquila. “Sí, había sido una derrota muy dura. Uno de los peores partidos que me tocó dirigir. Pero una vez que el ruido se aplacó, noté que el dolor de la humillante derrota había galvanizado al equipo de una manera que nunca había visto antes”.
Para Jackson, los Bulls se estaban convirtiendo en una tribu.

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91uaCHmtsxL._AA1500_Extractado de:
“Eleven Rings: The Soul of Success”.
Por Phil Jackson y Hugh Delehanty. 2013.
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