Ajax, los holandeses y la Segunda Guerra

Ajax_posguerraBHay un autor con el que comparto mi afición tanto por el fútbol como por la historia. Se llama Simon Kuper, es británico (aunque nació en Uganda, de padres sudafricanos) y vivió en Holanda durante su infancia. Estudió Historia en Oxford, es columnista del Financial Times y escribió varios libros de fútbol (algunos de ellos traducidos al español), entre ellos el más célebre “Futbol contra el enemigo”. No escribe demasiado sobre tácticas o épicas victorias, de visitante o con dos jugadores menos. Su fuerte son sus historias donde el deporte es sólo el contexto de una historia mucho más grande.

En su libro “Ajax, los holandeses y la Segunda Guerra”, Kuper intenta reconstruir la actitud del club durante y después de los años de la ocupación alemana. No intenta ser un trabajo definitivo sobre la Segunda Guerra en Holanda, pero es una buena pintura de los que vivió la población holandesa, en especial los judíos.

Al iniciar su trabajo de investigación, Kuper recurrió al archivista del club, el octogenario Wim Schoevaart. Pero al revelarle que estaba escribiendo un libro sobre el Ajax, los judíos y la guerra, Schoevaart le contestó que estaba perdiendo el tiempo, que pronto iba a encontrar que no había nada que decir sobre ese tema. Y con cada otra autoridad del club la historia se repetiría: inmediatamente negaban que el club alguna vez hubiera tenido algún miembro judío. ¿Cómo podían estar tan seguros, –se preguntaba Kuper– si en las listas de miembros de la pre-guerra había apellidos de origen judío? Además, en la ciudad de Amsterdam el 13% de la población era judía y otros clubes tenían miembros judíos. ¿Por qué el Ajax negaba toda vinculación?
Cuenta Kuper que el periódico de la resistencia Het Parool le preguntó una vez a Schoevaart por qué, a diferencia de otros clubes, el Ajax no tenía un monumento a los caídos. Schoevaart explicó entonces que significaría algo “demasiado doloroso para los sobrevivientes”. Y cuando le preguntaron qué suerte habían corrido los miembros judíos del club, contestó que a él no le gustaba “revolver el pasado”. Una actitud inusual de un archivista, en opinión de Kuper.
Hasta el historiador Evert Vermeer se tomaba con cierta liviandad el papel del Ajax durante la guerra. En su libro “95 Jaar Ajax”, pinta al club impidiendo el uso de la cancha principal a los soldados alemanes alojados en el estadio. Según Vermeer, el tesorero Volkers hasta tuvo la insolencia de exigirle al comandante alemán una suma en concepto de alquiler de las instalaciones, que para sorpresa de Volkers, el alemán aceptó sin problemas. La famosa “Resistencia del Ajax”. Sin embargo Vermeer se contradice: “El Ajax nunca jugó contra los alemanes, aunque en los primeros días de la ocupación un equipo de veteranos le ganó por 14 a 1 a los soldados alemanes. Les dieron una lección. No sólo fue una victoria moral, ¡si no una de 13 goles! Y eso no fue todo: les robaron carbón y papas en beneficio de los miembros del Ajax”.
Según Kuper, la reticencia a discutir el pasado sugería que el Ajax tenía algo que esconder. Opina que hubo pasividad y cobardía en el Ajax como así como tantas instituciones holandesas cuando en Octubre de 1941 los judíos eran expulsados de los clubes holandeses y mujeres y niños eran enviados hacinados en trenes dirección a Feyenoord. Sin embargo, la historia del Ajax es más valiente y oscura de lo que parece a simple vista, y tiene su cuota de heroísmo.
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“La miseria de la guerra fue relativamente limitada. Al final de la ocupación no había muertes que lamentar entre los miembros del Ajax”, excribía Vermeer en 95 Jaar Ajas. Esto puede ser verdad, pero al mismo tiempo engañoso. La población holandesa durante la ocupación no la pasó tan mal como en Francia, Polonia u otros países, siempre y cuando no fueran judíos o de la resistencia. Y si en el Ajax no había muertos era porque los judíos ya habían sido expulsados del club en 1941 y ya no eran miembros del Ajax cuando murieron en las cámaras de gas. El club fue algo más honesto en 1944-45, cuando el directorio recordaba “con dolor la muerte de ocho miembros”, aún cuando muchas otras muertes no eran mencionadas.
En realidad, hasta 1941 Ajax tenía más judíos que cualquier otro club del país. Vermeer, quien ya no cree que no hubo muertes que lamentar, posteriormente descubrió que en el otoño de 1941 doce judíos fueron expulsados del club y algunos renunciaron antes de que los alemanes los expulsaran.
A pesar de todo, lo que distingue al Ajax es el apoyo que dio a los judíos durante la guerra. El anuario de 1941-42 contiene estas dolorosísimas líneas: “Tememos que muchos más de nuestros miembros van a ser llevados, entre ellos algunos que han estado a nuestro lado durante 35 años o más y de los que aún no sabemos nada. Algunos de nosotros se han ido, y miramos al futuro con miedo, porque vivimos en una época en que nadie puede dar por seguro a quién va a volver a ver”.
Esta cita hacer referencia a los judíos sin dudas. No puede referirse a los hombres que fueron enviados a trabajar a Alemania, porque los que fueron miembros durante “durante 35 años o más” eran muy viejos para ello. Además, la vida estos trabajadores gozaba de una relativa seguridad y escribían regularmente a sus casas.
La historiadora Susan Smith sostiene que en ningún otro club holandés es posible encontrar una cita semejante. Nadie se habría arriesgado. Pero también se pregunta: “¿Por qué el club no habla de ello. Si alardear sobre pequeños actos de resistencia es una costumbre nacional, ¿por qué no hacerlo?”
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Jaap van Praag, quien pasara escondido los últimos años de la guerra.Más allá de las palabras de la época, el tiempo desvela algunas historias. Una es la de Jaap van Praag, un miembro judío que reapareció después de la guerra. Luego se convertiría en chairman del club y blanco de la cécebre cita de Johan Cruijff “Nunca pude atrapar a Jaap van Praag diciendo la verdad”Van Praag pasó los últimos dos años y medio de la guerra viviendo en el desván de un negocio de fotografía. Como el dueño del negocio no sabía que estaba arriba, pasaba las horas del día inmóvil, sentado en una silla. Horrorizado por la pérdida de dignidad juró que terminada la guerra vestiría impecables trajes todos los días.

En 1945, Van Praag escribiría en su diario palabras de agradecimiento a quienes lo ayudaron a esconderse durante las deportaciones de 1942. Y no fue el único: otros miembros judíos del Ajax también lograron esconderse y sobrevivir el Holocausto. Y en una ciudad que perdió alrededor del 80% de la población judía, los judíos del Ajax tuvieron mejores oportunidades. En parte porque eran más ricos que los comerciantes del Jewish Quarter. Pero más que nada, por pertenecer a un club de gentiles, algunos de ellos muy valientes. Los judíos del Jewish Quarter o que jugaban en clubes judíos conocían sólo judíos. Y eso en la guerra pesa.

El Ajax, no como institución sino como una red informal, ayudó no sólo a los judíos. En 1944-45, durante el Hongerwinter (invierno del hambre) los jugadores comían en el club después de entrenar, y mientras miles de personas morían en Amsterdam, el Ajax enviaría a 20 de sus jóvenes a los campos de Friesland para que engorden.
Otro beneficiario de la solidaridad del Ajax fue el inglés Jack Reynolds (el padre del “Fútbol Total” y coach de Rinus Michels), quien después de haber entrenado equipos en Inglaterra y Suiza se mudó a Alemania para entrenar a la selección. Al estallar la Primera Guerra finalmente se instaló en Holanda para entrenar al Ajax. Y todavía seguía allí cuando llegaron los alemanes en 1940.
Los alemanes encarcelaban a todos los británicos que encontraban y así fue que enviaron a Reynolds a un campo llamado Lunatic Asylum (asilo de locos) en Tost, Alta Silesia (anteriormente Polonia, anexada por Alemania), donde permanecería 5 años, hasta 1945. Allí las condiciones no eran excesivamente rigurosas como en otros campos y Reynolds recibía regularmente paquetes y correspondencia desde el Ajax. Hasta llego a bromear en su diario diciendo que debería contratar a una secretaria para abrir toda la correspondencia que recibía.

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A pesar de los rumores sobre su muerte, Reynolds volvió a Holanda en Octubre de 1945 y en noviembre el club publicó el agradecimiento de Reynolds hacia “todos los que estuvieron junto a mí y me esposa durante mi cautiverio”. No parece haber otros agradecimientos de ese tipo en otros clubes de la ciudad.

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Reynolds volvió a repleto de anécdotas de su estancia en Tost. Contó que habían hecho una cancha de cricket y que jugaron al fútbol bajo la vigilancia de los alemanes. “No se sorprendan, 100 cigarrillos y una onza de tabaco por semana. Los paquetes del Ajax han hecho su trabajo]… [Las horas más miserables eran los domingos entre las 2 y las 4 de la tarde”, cuando más extrañaba a su Ajax y a su mujer.
Reynolds permaneció en el Ajax hasta su muerte en 1962. Camino al cementerio en el este de Amsterdan, el cortejo fúnebre pasó por el estadio del Ajax donde años después Johan Cruijff, Marco Van Basten y Dennis Bergkamp deleitarían al público de la Reynoldstribune.
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Luego de la libración de Amsterdam por los canadienses, el 5 de Mayo de 1945, Ajax cambió en su himno la línea “Heil, Ajax, Hail” por “Hup, Ajax, Hup” y creó un “Comité de Purga” que fue presidido por el ex-internacional holandés Jan Schubert, quien pasara 18 meses escondido durante la guerra y estaba decidido a castigar a todos los colaboracionistas que dañaron la reputación del Ajax.
Jan Schubert estaba asistido por el abogado Emile Catz, anteriormente un NSB (partido nazi holandés) hasta que descubrieron que era judío. Catz también era miembro del tribunal holandés de purga. Esto hizo que el comité del Ajax fuera más duro que todos, ya que conociendo cómo castigaba el estado holandés, era difícil para el Ajax ser más indulgente. Sin embargo, las decisiones del Comité fueron olvidadas hasta que fueron rescatadas por el periodista Arthur de Boer.

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El Ajax tuvo que lidiar con casos terribles. De Boer descubrió que 17 miembros y contribuyentes fueron expulsados y uno suspendido por su comportamiento durante la guerra. Un número bastante alto en comparación con los de otros clubes.

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Comparando con otros países de Europa, el Holocausto en Holanda no fue tan sangriento, libre de las matanzas espontáneas de judíos que habían ocurrido por ejemplo en Lituania o Ucrania. En Holanda era un proceso bastante mecánico (no por eso menos criminal): tocar timbres, escoltar a la gente hacia los trenes, y confiscar sus pertenencias. Y para ello iba a contar con ayuda de algunos miembros del Ajax.
Joop Pelser era el capitán de el equipo campeón de Holanda en 1918 y 1919. Era un contador devenido en soldado que fuera miembro del directorio del Ajax durante años. Sus cuatro hermanos y su hijo Harry también jugaron para el club. En la última parte de los años 30, Pelser, su mujer y Harry se unieron al NSB, mientras que Jan, su hijo menor, se alistaba en las SS. En 1942, cuando comenzaron las deportaciones, Pelser y su hijo Harry empezaron a trabajar para Lippmann Rosenthal Bank (LiRo), una compañía judía que pasó a ser controlada por los alemanes. Joop Pelser contaría después de la guerra: “Mi trabajo era ir con la policía y alguien de LiRo que tasaba las pertenencias y yo hacía un inventario de las casas de los judíos que iban a ser deportados”.
Su hijo Jan desertó de las SS y en el proceso mató a un soldado alemán que le pidió sus papeles. Junto a sus padres intentaron escaparse pero fueron capturados. Joop Pelser fue encarcelado 2 meses por no reportar una violación de una mujer judía por un oficial alemán.
Luego de la liberación, Pelsen se tuvo que volver a esconder, esta vez de las autoridades holandesas. Pero fue capturado, al igual que su mujer y sus hijos. Harry Pelser, entonces octogenario, contaría en Marzo de 2000: “Pasé un año paleando papas. Me llevaron del tribunal con un pantalón marrón y un sweater marrón. A los catorce meses aún los seguía usando. Me dejaron conservar la foto de mi novia, quien luego sería mi esposa. La guardé bajo de mi almohada durante 14 meses. Las heridas de esa época nunca cicatrizaron”.
Joop Pelser fue condenado en 1947 a 3 años y 3 meses menos el tiempo que estuvo detenido. Nunca volvió a pisar el Ajax.
Y así muchos otros: Foeke Kermer, un coach que acostumbraba a traer tortas y sopas a sus pupilos, nunca regreso al Ajax por estar cumpliendo una sentencia de por vida. Según los documentos encontrados por De Boer, Kermer se había comportado “como una bestia”. En la ciudad de Haarlem él solo había capturado a 50 personas que se escondían de los alemanes, y cuando fue guardia en un campo habría matado a golpes a algunos prisioneros.
Pero al mismo tiempo, el titular del Comité Jan Schubert debía enfrentarse a aquellos que pensaban que no se debía castigar así a la propia gente. Eventualmente muchos casos quedaron en el olvido y el Ajax iba a optar por el silencio.
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A pesar de la bronca inicial que le pueda causar, Kuper dice entender las razones de esta complicidad. Uno de los problemas era que en la Holanda de la posguerra, a los colaboracionistas no se los castigaba con moderación. Era a todo o nada. Ser etiquetado como colaboracionista significaba el fin de la existencia social de la persona. Gris y cobarde durante la guerra (en palabras del propio Kuper), Holanda se tornaría implacable después de ella. Los holandeses celebraban la Liberación rapando a las mujeres que se decía que se habían acostado con los alemanes. Pocos preguntaban qué habían hecho los que las pelaban y nadie iba a arriesgar a salir en defensa de alguien etiquetado como colaboracionista.
Ávida de venganza, la sociedad holandesa, tendía a generalizar y distinguía sólo dos tipos de personas: goed (buenos) y fout (colaboracionistas o de mal comportamiento durante la guerra). Por supuesto, ante semejante generalización el holandés promedio encontraba dificultades para encasillar a algunas personas. Si bien hubo personas como Kermer o Pelser que indudablemente eran fout, había gente que trabajó indirectamente para el poder alemán y lo hacía para sobrevivir (se usaba el término “bread NSBer” para hablar de los que se habían unido al NSB para poner comida en su mesa). O el caso de los tantos jóvenes de 18 años que iniciaban una aventura las filas del NSB y que su máximo pecado había sido vender diarios de propaganda alamana. O casos ambiguos, como el del mismo Pelser, que durante un año marcó su vida como fout pero al mismo tiempo alertó y escondió durante 4 meses a un amigo judío. Pero si de algo podía uno estar seguro era que una vez etiquetado como fout, lo sería para toda la vida, y aún más allá, hasta sus descendientes.
El problema del Ajax era que cualquier institución, por el sólo hecho de tener a algunos miembros fout podía ser fácilmente etiquetada como fout. Algo que el Ajax no iba a permitir.
Pero había otra razón más. Luego de la guerra, muchas personas fueron catalogadas como traidores a la patria. Todo el mundo pensaba que traicionar a la patria era algo malo. Pero algunos pensaban que traicionar a su club era peor. Durante el siglo XX, Holanda se había dividido en diversos sectores: protestantes de distintas corrientes, católicos socialistas, comunistas, y liberales en general. Y cada uno de los grupos tenía su agenda, partidos políticos, radios y, por supuesto, clubes de deporte. Pertenecer al Ajax era sinónimo de pertenecer a una casta especial y para muchos la lealtad al club estaba por encima de la lealtad a la patria.
Y la misma solidaridad del Ajax que salvó a Reynolds y a Jaap van Praag, después de la guerra iba a proteger a los colaboracionistas. Era el viejo instinto del Ajax de cubrir a sus miembros. Y en el caso de no ser posible, se esgrimían excusas: “era una buena persona”, “no tuvo otra opción”, “las circunstancias del momento”, etc, etc. Los Pelsers eran a menudo defendidos como “bread NSBers”, como si saquear las pertenencias de judíos deportados por dinero fuera mejor que hacerlo por convicción. En fin, son historias demasiado oscuras. A los ojos de Kuper, el silencio del archivista Schoevaart puede ser inmoral, pero es entendible.

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Kuper-Ajax pbExtractado de:
Ajax, The Dutch, The War.
Por Simon Kuper (2003)

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Crédito de fotos:
Nationaal Archief Fotocollectie Anefo – CC-BY-SA-3.0-NL
Dijk, Hans van / Anefo CC-BY-SA-3.0-NL

 

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3 respuestas a Ajax, los holandeses y la Segunda Guerra

  1. Muy interesante. Pero el Ajax no es el único, hace un tiempo leí este post de Rosa Sala Rose sobre el fútbol y el antisemitismo http://rosasalarose.blogspot.com.es/2010/06/futbol-guerra-y-antisemitismo.html

  2. Dessjuest dijo:

    Muy interesante la historia esta, gran parte de la cual desconocía.

    Saludos.

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