John Carlos y la protesta del “Black Power” (Juegos Olímpicos – Mexico 1968)

Mural que en honor a John Carlos, Tommie Smith y Norman. Una de las imágenes más representativas del deporte de los años '60 Guantes negros para representar fuerza y unidad. Collares de cuentas para recordar la historia de los linchamientos. Descalzo, sólo vistiendo medias negras para simbolizar la pobreza de los afro-americanos en Estados Unidos. Así se subió al podio John Carlos (EE.UU), medalla de bronce en los 200 metros de los Juegos Olímpicos de México 1968, quien junto a su compatriota Tommie Smith protagonizaría una de las protestas más recordadas de la historia de los Juegos. Y por la que iba a pagar.

Los Juegos de México ’68 tuvieron lugar en medio de un clima social y político enrarecido. Ya en 1966 se había empezado a hablar de un posible boicot por parte de los atletas afro-americanos. El Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos (OPHR por sus siglas en inglés) liderado por el ex-atleta Harry Edwards tenía objetivos claros: la restitución del Título del Mundo a Muhammad Ali (tras negarse a ir a Vietnam), la destitución del estadounidense Avery Brundage como presidente del Comité Olímpico Internacional y que se prohibiera la participación de Rhodesia (actual Zimbabwe) y Sudáfrica para participar en los Juegos.

El apoyo a Muhammad Ali tenía por objeto afianzar la una solidaridad entre los atletas afro-americanos que se oponían a una guerra que sentían que no era de ellos. La destitución de Brundage, reconocido antisemita que había trabajado en favor de conceder los Juegos a la Alemania de Hitler en 1936, pretendía desterrar todo tipo de prácticas racistas en el atletismo. El último punto, la prohibición de Rhodesia y Sudáfrica, que eran países partidarios del apartheid, pretendía llevar la lucha y solidaridad a una escala global.
El movimiento contaba con el apoyo de figuras de renombre. La lista incluía entre otros a Bill Russell, el gran pivot de Boston Celtics que se encaminaba a ganar 11 campeonatos en 13 años; Jim Brown, quien llevara a los Cleveland Browns a ganar el título de la NFL, Lew Alcindor (luego Kareem Abdul Jabbar), quien ganaría tres títulos de la NCAA con UCLA y era un militante, y por supuesto Muhammad Ali, quien se había opuesto vehementemente a la guerra de Vietnam. También recibirían el respaldo de algunos sectores blancos comprometidos, como el equipo de remo de Harvard, que jugaría un papel importante durante la protesta de los Juegos. Sin embargo, el desafío mayor consistía en convencer a los atletas más jóvenes de que debían sumarse a la causa. Algunos de ellos entendían que adherir al boicot era renunciar a algo muy grande y que no sabían si se podría volver a repetir en sus vidas.
SUEÑOS OLIMPICOS
John Carlos no era aún un militante. Pero desde su infancia en Harlem ya había experimentado la discriminación racial. Sus sueños de convertirse en un nadador olímpico se habían estrellado con la realidad de que la natación competitiva estaba vedada a los negros. Su entrenamiento como corredor se limitaba por un lado a seguirle los pasos al incansable Malcom X, que solía frecuentar las calles de Harlem, y por el otro, a huir de los guardias de seguridad o la policía con cajas de 25 kilos de comida que robaba para ayudar a los más necesitados. La suerte de Carlos cambió un día en que dos policías negros de su barrio lo capturaron robando. Le dijeron que conocían su reputación y que no valía la pena que terminara preso en un instituto de menores. Gracias a ellos, Carlos consiguió la entrada a un club de atletismo para empezar a entrenar seriamente.
Reverendo Martin Luther King Jr., activista en favor de los la igualdad que apoyó el movimiento de los atletas de raza negra.Con el entrenamiento llegaron las carreras organizadas; y con las victorias las ofertas de las universidades. Pero tras un año miserable en la Universidad de East Texas en la que experimentó la más pura segregación sureña, Carlos volvió a Harlem. Ahí fue contactado para asistir a su primera reunión del OPHR, donde Carlos no sólo tuvo la oportunidad de relacionarse con los cabecillas del movimiento, si no que para su sorpresa, también asistió el mismísimo Martin Luther King Jr. Cuando tomó la palabra, el Dr. King dejó en claro que él iba a apoyar moral e ideológicamente al movimiento de los atletas, pero que la cara visible deberían ser ellos mismos.

John Carlos hasta tuvo la oportunidad de charlar con el Dr. King. Recuerda haberle preguntado por qué iba a ir a Memphis sabiendo que estaba amenazado de muerte. “Voy por los que no van a levantar su voz, y voy por los que no pueden levantar su voz”, fue su respuesta. “Fue muy preciso en marcar la diferencia”, recuerda Carlos. “No van y no pueden. En el corazón del Dr. King había lugar para los dos”. 

La fuerza del movimiento fue puesta a prueba luego de dos hechos: el primero fue el asesinato de Luther King el 4 de abril de 1968 en Memphis. El segundo fue la prohibición de Sudáfrica para participar en los Juegos de México. Algunos de los atletas decidieron entonces que algo habían cumplido y que ya no habían motivos para seguir con el boicot. Edwards, Carlos y Smith, entre otros, se encontraron con que el movimiento perdía fuerza y que su única alternativa era clasificar y utilizar a los Juegos para promover su causa.
SIMBOLOS E IDEOLOGIA
Los juegos de México 1968 llegaron en Octubre y luego de un año especialente violento. La ofensiva del Tet en Vietnam probaba que los Estados Unidos estaban inmersos en una guerra mucho más difícil que lo que los generales, políticos y la prensa habían previsto. También hubo protestas violentas, como el Mayo Francés, la Primavera de Praga, las Panteras Negras en Estados Unidos, y especialmente la masacre de Tlatelolco, donde sólo diez días antes de los Juegos el ejército mexicano reprimió una protesta estudiantil dejando un número de muertos que supera los 150 y algunas fuentes estiman en más de 1000.
Ya instalado en México, John Carlos trataba de mantenerse ajeno al clima de tensión. Tanto él como Tommie Smith, identificados con el OPHR habían recibido amenazas de muerte. Sin embargo, siguieron adelante con los preparativos de su protesta acordando la simbología. Los guantes negros los había llevado la mujer de Smith. “Smith los quría usar en caso de que tuviera que estrechar la mano de Brundage y así evitar tocar su piel”, recuerda Carlos. Kim, la mujer de Carlos tenía los collares de cuentas. Y las medias negras eran en esa época una costumbre como símbolo de la lucha racial.
“Una vez que pusimos nuestros símbolos en orden, no teníamos la mas mínima duda de que algo teníamos que hacer”, recuerda Carlos. “Pensaba en lo humillante que es para un negro encontrar un trabajo decente para mantener a su familia. Pensaba en que en los ghettos la droga era tan fácil de encontrar como una botella de gaseosa. Pensaba en que en Harlem, donde vi a gente convertirse en zombies de la noche a la mañana. Pensaba en toda la grandeza con la que los negros habían contribuido a los Estados Unidos. Podíamos ganar medallas. Podíamos ganar guerras. Podíamos batir récords. Podíamos ser héroes en la pista. Pero una vez que estábamos afuera de ella volveríamos a ser un Don Nadie”
“Sentía la necesidad de que alguien algun día dijera ‘Hey, los Estados Unidos no son lo que parecen’. Recuerdo los comentarios sarcásticos de algunos cuando empezamos con la idea del boicot. ‘Deberían estar felices de que los dejemos representar a los EE.UU. en los Juegos’. Yo siempre me preguntaba: ¿Felices de qué? ¿De no poder alimentar a nuestras familias? ¿Felices de vivir en guettos donde hay más drogas que esperanzas? ¿Felices de graduarnos como esclavos para convertirnos en atletas-ciudadanos de segunda?
JESSE OWENS: EL ENVIADO DE BRUNDAGE
El COI estaba atento a las actividades del movimiento y no estaba dispuesto a que nada arruinara la fiesta olímpica. Y para tratar de disuadir a los activistas Brundage envió al legendario Jesse Owens, ganador de cuatro medallas doradas en Berlín ‘36.
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“Jesse Owens era una leyenda, había ganado cuatro medallas doradas, cada una de ellas una bofetada en la cara de Hitler, y a los seis meses estaba compitiendo contra un caballo para poner comida sobre su mesa”. John Carlos.

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“El COI, conducido por Avery Brundage, se había burlado de Jesse Owens por el crimen de ser una super-estrella de color”, recuerda Carlos. “No lo dejaban entrar a los estadios y jamás le dieron un micrófono hasta que se empezó a hablar del boicot en 1966. Entonces lo agarraron, le pusieron un traje, algunos dólares en los bolsillos y le dijeron: ‘Queremos que seas la voz de los negros buenos’. Y lo siguente que escuchabas era a Jesse en nuestro vestuario hablándonos de lo grandioso que era representar a los Estados Unidos. Nos hablaba de los guantes negros, nos decía que eran ‘falsos elementos de utilería’”. Estos guantes negros -le contesté- son para representar a la gente de raza negra antes de representar a cualquier otra persona, símbolo, bandera o nación. Esto es Technicolor, señor. Queremos ser muy claros sobre a quién estamos representando”.
Owens seguía tratando de disuadirlos. Hasta llegó a decir que las medias negras les podían cortar la circulación y así no lograrían correr tan rápido. “Ni siquiera tienes idea de porqué usamos estas medias. Si hubieras hecho algo en 1936 no tendríamos que hacerlo en 1968”, fue la respuesta de Carlos. Según Carlos, años más tarde Jesse Owens le habría reconocido que en ese punto tenía razón.
¡VAMOS TOMMIE! ¡NO ME ABANDONES!
“Antes de comenzar la carrera, yo había decidido que no iba a oponer resistencia a Tommie”, recuerda Carlos. “Quería que él ganara el Oro. Se lo dije a mi coach, Bud Winters. “Hacé lo que tengas que hacer”, me contestó.
“En las semifinales Tommie se había tironeado en la ingle”, cuenta Carlos. “Y si uno se tironea en la ingle, por más tranquilizante o novocaína que te metan en el cuerpo, no vas a poder correr al cien por ciento. Pero Tommie apretó los dientes y lo sacó adelante. Para mí fue una clara muestra del coraje y espírito competitivo que lo impulsaba”.
“En el momento de la final y en el estadio habían 50.000 personas incluyendo un gran contingente de norteamericanos. Era el momento de concentrarse en la carrera y olvidarse de la cuestión política. Cuando la carrera se largó yo salí volando. En la curva llevaba unos 6 o 7 metros de ventaja. Yo trataba de mirar sobre mi hombro izquierdo y me preguntaba adónde estaba Tommie. En mi cabeza gritaba: ¡Vamos Tommie! ¡No me abandones! Me quería asegurar que los dos estuviéramos en el podio. Cualquiera que mire la carrera va a notar que en ningún momento miro hacia mi lado derecho, excepto por la última milésima de segundo. Es ahí que tengo la borrosa visión de un blanco. ¡Mierda!, pensé. Es Peter Norman”.
“Tommie batió el record mundial con untiempo de 19.87. Peter y yo habíamos hecho 20 clavados pero ni bien cruzamos la menta ya sabía que me había ganado por un pelo”.
ENTRENADOS PARA ESCUCHAR EL DISPARO
Monumento en honor a John Carlos y Tommie Smith en San José State University.
“La carrera terminó y Tommie estaba exultante por su nuevo record mundial”, recuerda Carlos. “Me preocupaba que no pudiera recobrar estado de serenidad que necesitábamos para nuestra demostración. Pero cuando subíamos al podio mi cabeza se abstraía de lo que Tommie estaba haciendo. Empecé a pensar en mi padre y sus historias de lo que sufrió en las fuerzas armadas, en cómo Harlem se convirtió en una comunidad negra, con el dinero y las oportunidades escurriéndose hacia los blancos. Me acordé de mi padre diciéndome que no iba a poder ser un nadador olímpico no por mis habilidades sino por el color de mi piel. Me acordé de las enseñanzas de Malcom X de ser uno mismo a pesar de las adversidades, de Luther King, muriendo en Memphis por los que no van o no pueden defenderse. Finalmente me acordé de mi refugio: mi mujer y mi hija. Ahí me dije: ‘Mierda, cuando haga esto no habrá manera de retractarme’ ”.
Cuando subieron al podio ni Carlos ni Smith llevaban calzado, y en abierto desafío al protocolo de los Juegos, Carlos tenía su campera desabrochada. Cuando llegó el momento del himno, los dos atletas extendieron su brazo. Smith el derecho, bien extendido y Carlos el izquierdo, ligeramente contraído. “Quería asegurarme de que si nos sacaban del podio yo pudiera tirar un golpe de martillo para defenderme. Habíamos recibido tantas amenazas que no quería estar indefenso en el momento de la verdad”.
Cuando empezó el himno, la gente todavía gritaba de emoción. Pero cuando los dos atletas extendieron sus brazos se hizo un silencio sepulcral. “Algo así como estar en el ojo de la tormenta”, recuerda Carlos. “Luego, cuando el volumen del himno subió empezaron los abucheos. Y los que no abucheaban gritaban el himno con todas sus fuerzas. Era como si estuvieran diciendo: ‘Ustedes, anti-americanos hijos de puta’. Parecía más un llamado a las armas que un himno nacional. Recuerdo haberle dicho a Tommie: ‘Si acá hay un francotirador recuerda que fuimos entrenado para escuchar un disparo. Tirate al piso.”
***

“El himno se hizo interminable, y los aplausos mutaron en insultos. La gente les gritaba todo tipo de insultos racistas”. Peter Norman.

***
Cuando el himno terminó, Smith y Carlos se dirigieron al túnel. Los abucheos eran cada vez mayores y les tiraron todo tipo de objetos. “Algunos gritaban ‘Los niggers (que es el peor insulto que le pueden decir a un afro-americano) tienen que volver a Africa’”, recuerda Carlos. “Otro gritaba ‘No puedo creer que los niggers nos traten así cuando los dejamos correr en los Juegos’”
“Yo ya estaba en el túnel cuando vi a Tommie hacer algo que me puso muy orgulloso. En medio de todas las cosas que le caían enfrentó a la multitud y volvió a levantar su puño. Ya habíamos consumado nuestro acto. No tenía idea de que ese momento se iba a congelar en el tiempo para siempre. No sabía lo que nos iba a pasar. Tampoco tomé conciencia de que nuestra corta vida había cambiado irremediablemente.”
“MAS ENOJADO. MAS SUCIO. MAS VIOLENTO”
“Cuando subimos al ómnibus del equipo había una persona blanca con sus dos hijas y su mujer” cuenta Carlos. “No tengo ni idea cómo llegó ahí, seguramente debía tener buenos contactos on el COI. ‘Ahí esta el tipo que escupió sobre mi bandera’, me dijo. ‘Debes ser comunista’ “Yo no tenía ni idea de lo que era un comunista”.
“Para mi sorpresa, cuando volvimos a la Villa Olímpica, , algunos atletas se mostraron francamente solidarios, incluyendo a algunos que se habían opuesto al boicot. Mi compañero Vincent Matthews puso un cartel que decía: ‘Apoyamos a Smith y Carlos’, recuerda Carlos. Wyomia Tyus, último relevo de la posta 4×100 dijo después de su victoria: “Dedicamos nuestro triunfo a John Carlos y Tommie Smith”. La tripulacion de Harvard volvió a demostrar su apoyo con un comunicado: “Nosotros como individuos hemos estado preocupados por el lugar de las personas de raza negra en la sociedad americana y su lucha por la igualdad de derechos. Como miembros del equipo olímpico de los EE.UU. cada uno de nosotros siente el compromiso moral de respaldar a nuestros compañeros de raza negra en sus esfuerzos por expresar las injusticias e inequidad que padece nuestra sociedad”. 
Llegaba ahora el turno de Brundage de vengar la afrenta. Al principio se corrió el rumor (que aún hoy persiste) de que a Smith y Carlos les iban a retirar las medallas. Esto no se produjo, pero bajo amenaza de expulsar a todo el equipo de EE.UU. de los Juegos, el COI hizo que Estados Unidos expulsara del país a Smith y Carlos. Y un incidente ocurrido mientras Carlos trataba de rescatar a su esposa Kim del asedio de la prensa tampoco ayudó a apaciguar los ánimos. En la revuelta, Carlos dijo que estaba muy enojado con algunos blancos y que al próximo que le pusiera una cámara o micrófono en la cara lo iba a golpear como si lo hubiera robado.
Era lo que la prensa estaba esperando para vengarse. Los Angeles Times acusó a Smith y Carlos de hacer un saludo de tipo nazi. La revista Time publicó un logo distorsionado de los Juegos pero en lugar del tradicional slogan “Más rápido, más alto, más fuerte” decía: “Más enojado, más sucio, más violento”. El Chicago Tribune publicó: “La vergüenza visitó nuestro país […] Smith y Carlos son renegados que serán recibidos como héroes por sus compañeros extremistas”. 
Pero el golpe de gracia iba a venir de Brent Musburger, un joven periodista de Chicago American: “Uno se cansa de ver a atletas diviertíéndose a costa de los Estados Unidos. Protestar constructivamente por los derechos raciales es una cosa, pero lavar los trapos sucios ante la mirada de todo el mundo es un gesto juvenil […] Smith y Carlos son las tropas de asalto de piel oscura”. Estas declaraciones han catapultado a Musburger a la fama entre los medios, aún hoy enfurecen a John Carlos.
LA CAIDA
El resultado del acto de protesta fue que salvo en algunos escasos lugares, Carlos se había convertido en un ícono negativo y era persona no grata en el lugar donde fuera. Su familia sufría apremios económicos y la falta de trabajo. Carlos trabajaba en lo que podía: construcción, seguridad, en parques. Lo que fuera necesario.
Cada tanto también era invitado como orador a hablar sobre el racismo. En esas conferencias los asistentes lo aclamaban como un héroe e invariablemente se sacaban fotos con él. Fue así que empezaron a llegar sobres a nombre de su esposa que contenían fotos de Carlos con mujeres. Carlos sostenía que eran las fotos de esos eventos y sospechaba de una maniobra del FBI, pero la semilla de la desconfianza ya había sido sembrada y la relación matrimonial se deterioraba día a día.
Carlos probó suerte en la NFL jugando para los Philadelphia Eagles, hasta que se rompió una rodilla y debió costear los gastos por no tener la antigüedad suficiente. Luego jugó un tiempo en la liga canadiense (CFL), jugando para los Montreal Alouettes. En Montreal vivió una época especialmente feliz, lejos de los prejuicios raciales de Estados Unidos y amparados por el seguro médico universal canadiense que tanto necesitaban. Carlos y su familia intentaban rehacer su vida, pero lo bueno no duró demasiado. Carlos dejó el equipo y no encontraba trabajo. Su mujer se volvió a California y entró en un cuadro depresivo que llevaría a su suicidio en 1978.
LA REDENCION DE JOHN CARLOS
John Carlos sigue creyendo en su lucha. Hoy es es consejero y entrenador de atletismo en una secundaria de Palm Springs, California. Por iniciativa de los alumnos de San José State University, se juntaron 380.000 dólares para erigir un monumento en su honor y el de Tommie Smith. Según su creador Ricardo Goiveia, el segundo lugar del podio fue dejado vacío (el australiano Peter Norman no fue incluido, aunque fue orador en la ceremonia inaugural) para que la gente pudiera subirse a sacarse fotos con ellos.

 

En 2008 Smith y Carlos recibieron el Premio Arthur Ashe al Coraje durante la entrega de los premios ESPY. Carlos dudó en aceptar el premio. Le molestaba la presencia del periodista Brent Musburger que trabajaba para ESPN y su relación con Tommie Smith no atravesaba el mejor momento. Finalmente decidieron que la historia era mucho más grande que los problemas que pudieran tener entre los dos y decidió aceptarlo.
Hoy John Carlos ha encontrado algo de felicidad. Se ha vuelto a casar y hoy en día es consejero y entrenador de atletismo en una secundaria de Palm Springs, California. “Mi enfoque es el que escuché una vez de boca de un pastor bautista: tratar de salvar un chico a la vez, sabiendo que él salvará a muchos más. Cada tanto escucho cosas como ‘Si no fuera por usted estaría muerto, preso o consumido por la droga. Ahora estoy estudiando Leyes, Medicina o Enfermería’. Ese es el tipo de cosas tangibles que uno lleva consigo cuando quiere ir al cielo. Las que uno señala y dice ‘Dios, éste es mi curriculum’”.

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TapaLibro_JohnCarlosExtractado de:
John Carlos, The Story.
Por John Carlos y Dave Zirin. 2011.
 

Apéndice: PETER NORMAN

Mural en honor a Norman, Carlos y Smith en en Burnett Lane, BrisbanePeter Norman, Medalla de Plata en los 200 metros de México ’68 siempre demostró solidaridad con los atletas afro-americanos, y cuando éstos le preguntaron si estaba dispuesto a adherir a alguna protesta no dudó. Como Carlos y Smith no tenían ningún elemento a su alcance, fueron los del equipo de remo de Harvard los que le facilitaron una insignia del OPHR con la inscripción “Creo en apoyar a la humanidad de cualquier manera que ayude a hacer un mundo mejor” para lucir en el podio.

A Peter Norman también le hicieron pagar por su participación en la protesta. “Tengo mucho respeto por Peter”, dice John Carlos. “Recibió todo tipo de maltratos y nunca se quejó. En Estados Unidos por lo menos éramos dos. Cuando la prensa se cansaba de pegarme a mí se la agarraba con Tommie y vicerversa. Pero en Australia estaban sobre Peter las 24 horas del día”. 

A pesar de haber marcado un tiempo de 20,06 que todavía es record australiano y haber registrado marcas que le permitían clasificar, a Norman no le permitieron participar de los Juegos Olímpicos de Munich (1972). Ni siquiera le dieron un lugar en Sydney 2000, aunque la delegación estadounidense lo invitó a presenciar algunos actos. Norman murió en Octubre de 2006 debido a un ataque cardíaco. Tanto Carlos como Smith estuvieron presentes y llevaron el cajón.
En Agosto de 2012 el parlamento australiano promulgó una disculpa póstuma.
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Crédito de fotos:
Smith y Cralos Grafitti: Photo credit: Newtown grafitti / Foter.com / CC BY
Martin Luther King Jr. – I Have A Dream Speech:  e-strategyblog.com / Foter.com / CC BY
John Carlos Monumento. Photo credit: evansville / Foter.com / CC BY-NC-SA
John Carlos: Photo credit: Joe Mabel / Foter.com / CC BY-SA
Mural en Burnett Lane, Brisbane: Rae Allen (Flickr) /  (CC BY-SA 2.0)
 
 
 
 
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