La muerte de Tom Simpson en el Mont Ventoux


Monumento a Tom Simpson en el Mont VentouxEl 13 era su número de la suerte. Su hija y su esposa habían nacido un día 13.
Era la 13ª etapa y se corría el día 13. Para Tom Simpson debió haber sido un día de suerte. Lo que no sabía es que ese día iba a morir.

“Mr. Tom”, así lo llamaban, fue probablemente el ciclista profesional más grande de Gran Bretaña. Era un escalador respetable e intrépido en los descensos. Como aficionado, ganó una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 1956 en Sydney, Australia, y una de plata en la Juegos del Commonwealth (1958). En 1959 se hizo profesional y en pocos años se estableció como uno de los protagonistas del pelotón. En una época en que el ciclismo estaba dominado por franceses y españoles, en 1962 se convirtió en el primer ciclista británico en llevar el “Maillot Jaune”, que corresponde al líder, en el Tour de France.  Sólo vestiría el maillot amarillo durante un día, pero aún así, sería un momento memorable en la historia del Tour.

UN VIAJE POR EL INFIERNO
Era el 13 de julio de 1967. Al inicio de la etapa, Simpson estaba en el séptimo lugar de la general y aspiraba al podio a su llegada a Paris. Era la sexta vez que corría el Tour. En los dos últimos se había lesionado y ese año deseaba más que nunca probar su valor.
La ruta del día era Marseille a Carpentras. En el camino estaba el Mont Ventoux, una subida brutal en cualquier época del año, pero especialmente durante el calor del verano.
Mont Ventoux, una escalada brutal en días de verano.
Mont Ventoux es la cima más alta de la Provenza, en el sur de Francia, y la única de su altura en kilómetros a la redonda. Los árboles solían cubrir el monte casi por completo, pero desde el siglo XII, la demanda de madera para la industria de la construcción naval en Toulon había llevado a su deforestación. Desde 1860, parte de la montaña ha sido reforestada, pero en su pico sólo queda piedra caliza, lo que le da la apariencia de tener nieve durante todo el año.

El paisaje rocoso también le da un aspecto casi lunar. En los días soleados de verano, el calor se refleja en las rocas y la pista, y escalar la montaña se convierte en una experiencia verdaderamente brutal. Casi como un viaje por el infierno. Las versiones sobre la temperatura varían; pero en el momento en que Simpson trepó los 1,910 metros de la montaña se estima que hacían entre 40°C y 55°C .

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“Si alguien toma algo hoy, tendremos una muerte en nuestras manos”.
Pierre Dumas, médico del Tour de France.

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Aunque el equipo de Simpson equipo no se destacaba por su potencia, sus compañeros eran leales y se complementaban bien. Y en general, la estrategia del equipo estaba funcionando.
Pero las reglas de carrera y el calor extremo iban a tener consecuencias trágicas. Las reglas del Tour restringían la cantidad de líquido que un corredor podía beber, incluso durante el calor extremo. El límite era de 4 bidones (aproximadamente 2 litros) para toda la etapa.
“En aquel Tour hizo mucho calor, pero el día del Ventoux fue insoportable”, recuerda Colin Lewis, compañero de equipo y habitación de Simpson. “En aquella época no podíamos recibir bebida desde los coches salvo en la zona de avituallamiento, aunque algunos aprovechaban las averías o los pinchazos para que los mecánicos les pasaran un bidón fresco a escondidas. Y en la etapa del Ventoux, cuando faltaban muchos kilómetros para el avituallamiento, algunos corredores empezaron a gritar en el pelotón que iban a hacer un café-raid. Es decir, que iban a asaltar un bar”.
Era una práctica habitual: los gregarios (corredores de apoyo) bajaban de sus bicicletas para rellenar sus botellas y las de su líder en fuentes o arroyos, pero en ocasiones tomaban por asalto bares, restaurantes y hasta ocasionales camiones de reparto. Julio Giménez, quien iba a ganar la etapa, explicaba a un periodista porqué le faltaba un diente: “Me lo rompí intentado abrir una botella de cerveza. Pasaba en todas las carreras, en el Tour, el Giro, la Vuelta: los gregarios se metían botellas grandes de cristal por todas partes, algunos cargaban hasta con diez o doce. Se llevaban de todo, hasta botellas de champaña. Algunos abrían las cervezas con los dientes, otros golpeaban la chapa contra la potencia del manillar, pero se caían al suelo. Los más previsores llevaban un abridor colgando de una cadenita del cuello. Y se corría la voz: Fulano lleva abridor”.
En la etapa del Ventoux, Colin Lewis se sumó a la asalto: “No sabía muy bien qué pasaba. Entré corriendo a un bar de carretera muy amplio y vi que los corredores se llevaban todo. El dueño gritaba, los camareros echaban a empujones a los ciclistas, y lo más gracioso es que los clientes se pusieron de nuestra parte y algunos agarraban botellas de la barra y nos las daban. Las ‘cocacolas eran los botines más preciados y yo vi una botella encima del frigorífico, así que me subí a una silla y la agarré. Luego me guardé otras tres botellas en los bolsillos traseros del maillot y me metí una más por la nuca, sin saber qué eran. Salí corriendo”.
ESTOY UN POCO FLOJO. A VER SI ME PONGO A TONO.
Después debían alcanzar al líder del equipo. “Busqué a Tom en el grupo y le pasé la cocacola”, cuenta Lewis. “Se la bebió entera, casi de trago, y luego me preguntó: ‘¿Qué más tienes?’. Metí la mano en el bolsillo y agarré una botella cualquiera: era coñac Remy Martin. Tom la vio, dudó un instante y al final me dijo: ‘Qué demonios, dámela. Estoy un poco flojo, a ver si me pongo a tono’. Bebió un trago largo y luego arrojó la botella por los aires a un campo de girasoles”.
Simpson había atacado temprano en la subida al Mont Ventoux, con un poco de ventaja sobre Julio Jiménez. Pero no fue capaz de mantener su ritmo y pronto Jiménez, Ray Poulidor, y un par de otros corredores lo superaron. Simpson se encontraba en uno de los pelotones que los seguían. Durante una gran parte de la subida,  Simpson podía ver a los líderes y seguía tratando de cerrar la brecha para meterse en el pelotón principal. Y cuando se cansaba, los fans corrían a su lado y lo ayudaban empujándolo.
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A medida que la temperatura aumentaba, Simpson empezó a sufrir los efectos del calor.
A menos de 2 kilómetros de la cumbre, su andar empezó a hacerse errático
y se desplazaba de un lado al otro de la carretera.

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“Iba andando como un amateur”, recuerda Harry Hall, el mecánico del equipo de Simpson. “De lado a lado para disminuir la pendiente, y a veces pasaba muy cerca del borde de la pista. Y ahí no hay baranda; una vez que te caes, te caes”.
A poco más de un kilómetro de la cumbre, Simpson se cayó de la bicicleta. Según la leyenda popular, Simpson solicitó a la personas a su alrededor, “Put me back on my bloody bike.” (Súbanme a mi bicicleta) pero Harry Hall sostiene que en realidad Simpson sólo logró articular las palabras, “On! On! On!” Ayudado por varios espectadores, Simpson volvió a subirse a su bicicleta. Pero no por mucho tiempo. Simpson se tambaleó por el camino durante  no más de un kilómetro y volvió a caer.
El Dr. Pierre Dumas, médico del Tour, y otros trataron de administrar asistencia respiratoria. Según Hall, la situación pareció mejorar. Le hicieron respiración boca a boca y el pecho de Simpson subía y bajaba, como si estuviera respirando. El ciclista fue trasladado en helicóptero a un hospital cercano, pero a pesar de los primeros auxilios y los esfuerzos del hospital, Simpson nunca recuperó la conciencia. Finalmente fue declarado muerto media hora después de su llegada al hospital. Tenía 29 años.
HOY NADIE QUIERE CORRER FUERTE
Vic Denson, compañero de equipo de Tom Simpson.La noticia de la muerte de Simpson conmovió a su equipo y al pelotón entero. Esa noche, el equipo de Simpson votó sobre si debían continuar con la carrera o retirarse. Decidieron continuar, pero dejando abierta la posibilidad de cambiar de opinión. Al día siguiente, mantuvieron su voto y continuaron la carrera con brazaletes negros en sus brazos izquierdos como símbolo de luto por su compañero caído.

Los otros corredores también dudaban acerca de correr la nueva etapa. Eventualmente, y a modo de homenaje, acordaron continuar, con la condición de que sólo un piloto británico ganara la etapa. Mientras los corredores se alineaban en la partida de la carrera a Sete, algunos lloraban. El ciclista francés Jean Stablinski se acercó entonces a Vin Denson, compañero de equipo de Simpson: “Tú eras el mejor amigo de Tom”, le dijo. “Se ha ido y ahora sos el ‘pere de famille’. Debes ganar en honor a Tom. Sólo tienes que ir al frente y tomar una ventaja de un par de minutos y no correr demasiado. Hoy nadie quiere correr fuerte”.

La carrera comenzó, y los compañeros de equipo de Simpson iban al frente del pelotón. Denson, por momentos no podía dejar de llorar. “Iba viajando en un trance completo y de vez en cuando simplemente me largaba a llorar”, recuerda. “Cuando veía a otro corredor inglés, no dejaba de mirarlo, pensando que era Tom. Seguí escuchando a Tom. Pude oír su voz todo el tiempo.”
No fue Denson quien ganó la etapa, sino otro piloto británico, Barry Hoban, quien al final del día diría: Ibamos en el pelotón principal y de repente miré a mi alrededor y no había nadie allí. Al día de hoy, no sé cuanto tiempo anduve solo. Podría recordar cada centímetro de la Gante-Wevelgem que gané, pero no me acuerdo mucho de esto”.

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Simpson era famoso por su sentido del humor. Una vez, al hablar del uso de estimulantes en las carreras, bromeó, “Si tomar 10 te mata, voy a tomar 9 y ganar”. Después de la muerte de Simpson su broma sobre el consumo de drogas sonaba de manera muy diferente.

***

PUT ME BACK ON MY BLOODY BIKE
A raíz de la muerte de Simpson se inició una investigación. La autopsia encontró rastros de anfetaminas y metanfetaminas. No fue una gran sorpresa, ya que se habían hallado anfetaminas en su ropa. Y aunque que las anfetaminas no figuraban como causa de muerte, el  informe oficial no dejó dudas: el uso de anfetaminas le había permitido empujar a su cuerpo más allá de sus límites normales. Simpson había muerto por deshidratación, falta de oxígeno, y agotamiento. Dado el intenso calor, quizás lo más sorprendente es que fue el único corredor que colapsara.
Un año después de la muerte de Simpson, se erigió un monumento en honor al gran ciclista británico cerca del lugar donde se desplomó, junto a la carretera de ascensión al Mont Ventoux. Lo pagaron varios ciclistas británicos y su viuda Helen asistió a la ceremonia. En el monumento están inscritas las palabras: “Put me back on my bloody bike”, que se cree que han sido inventadas por Sid Saltmarsh, que escribía para Cycling y The Sun en el momento de la muerte de Simpson. Aunque Simpson no pronunció las palabras, resumen su determinación de seguir adelante, aún cuando su cuerpo ya no podía más. El lugar se ha convertido en un santuario para los ciclistas y cada año miles de turistas y aficionados se detienen en el monumento y colocan flores, partes de bicicletas y otros artículos para honrar al ciclista británico.
La muerte de Simpson hizo que a partir de 1968 se instrumentaran los primeros controles antidoping. Pero algunos corredores no prestaron atención a las lecciones de la tragedia y continuaron usando estimulantes. En 1968, otro ciclista, un francés llamado Yves Mottin, moriría durante una carrera tras haber consumido anfetaminas.
Lamentablemente no sería el último.

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Fuente:
Dope: A History of Performance Enhancement in Sports: por Daniel Rosen. 2008
Información complementaria de The Guardian,
Blogs Cajón de sastre y A topa tolondro, de Ander Izaguirre.
El libro Plomo en los bolsillos, de Ander Izagirre contiene la historia completa.
También existe un programa de una hora producido por la BBC (en inglés)
Créditos de fotos:
Monumento a Tom Simpson: Photo credit: schoeband / Foter.com / CC BY-NC
Ascenso al Mount Ventoux: Photo credit: WhiteJaune / Foter.com / CC BY-NC-SA
Vic Denson: Deutsches Bundesarchiv (German Federal Archive), Bild 183-72777-0001
Author: Wendorf: (CC BY-SA 3.0 DE)
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Una respuesta a La muerte de Tom Simpson en el Mont Ventoux

  1. Dessjuest dijo:

    No fue ni mucho menos la primera muerte originada por doping o drogas en el ciclismo, pero sí que fue un punto de inflexión importante como bien dices, Simpson es uno de esos ciclistas que pasó a la historia por su triste final, de no haber muerto ese día quizá su nombre hoy no dijera gran cosa salvo a cuatro aficionados.

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